(2)
Salió una noche de la oficina, camino a la puerta, dió media vuelta, había olvidado las llaves. -Caminar me hará bien- pensó por un momento, y se dirigió hacia el noreste por la banqueta, dió vuelta hacia la izquierda en la primera esquina y compró flores, verdes, rojas y amarillas, dejó que su perfume lo guiaran hasta donde el sol se acuesta sobre su cama de agua de mar detrás de las montañas, donde la luna le da el primer beso y sale a iluminar las calles por donde ahora paso yo, buscando tu memoria, con los ojos atentos y el oido abierto,
por si te veo,
por si te escucho,
por si de repente sales de un matorral,
también preparé mis brazos para darte calor en mi regazo,
mis manos para aferrarme fuerte y no irmé sin ti,
mi boca, para decirte con mi aliento lo mucho que te quiero,
y lo tanto que me faltas,
y mi cama, para dormir a tu lado al sol, y descanses con un beso de luna, detrás de las montañas, delante de mi casa, encima de mi vida.

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